domingo, 27 de noviembre de 2011

3. 8 años.... el desgarro




El anciano besa los pechos de la pequeña niña
Y ruega a las vírgenes el silencio, y los minutos.

El hormiguero se ha clausurado y se va sellado con concreto.
No hay peor imagen que el desgarro, o la quebradura,
O lo que es peor,
la desesperación.

8 años.

Solo 8 años y la muerte simbólica de los padres,
Aquellos que nunca aparecen al auxilio de la niña, que llora…
Y cede a caricias que le duelen como golpes,
Todo por un mandato de “se fuerte” que no le pertenece.

Raquel, la compañerita de la escuela ha dicho que mis zapatos dan vergüenza,
Y no me dieron pena a mí los agujereados zapatos,
Mis padres eran pobres y no me importo cargarme de burlas por aquello,
En aquella época al menos éramos felices…
Costumbres de familia que se perdieron con el tiempo.
Y el miedo.

Está claro que no hay nada pero que el desgarro.
Y el silencio.
Y los minutos.
Y el miedo.
Y las vírgenes que escuchan ruegos equivocados,
Dejando la certeza de que la familia, no es un lugar seguro para nadie.

martes, 22 de noviembre de 2011

2. 6 años, la subasta de la infanta.


- 8 pesos vale mi hermana Carlitos
Si no los tenés, Salí de la subasta y deja de ocupar un lugar al pedo ¿querés?

(Pobre Carlitos,
a mí me gustaba ese chico,
Debe ser porque a mí siempre me gustaron los pobres).

- ¿Es que ustedes no se dan cuenta, o son opas?
La changuita esta fue reina de la escuela el año pasado,
Vale 8 pesos, vale 9 también.

Uno de los chicos le pregunta a Juan

- ¿Che Juan, para que querés ser millonario?

El le responde que los caramelos estaban caros
Y que ya se había cansado de tenerme de hermana,
Que yo estaba muy loca y no sabía jugar al “monopolio”.

Lo dicho,
La subasta termina con un beso para Carlitos,
El pobre,
El que me ha regalado el abandono de la estúpida subasta
Y el que ha apreciado a la reina caduca de piernas raspadas.

1. 5 años, olor a mandarinos.



Y los cristales estallaron a los pies de la niña,
Ella que abraza fuertemente a su hermano
Solo para abstraerle de toda escena.

Tan peculiares zapatos no se olvidan,
Y como no he descargado una respuesta acorde a ese estimulo
Es que se ha quedado en mi mente,
Solo para repetirse.

A la mañana siguiente salí al patio,
esta vez no a robarle mandarinas al vecino,
sino a bañarme con las que se han podrido ya
Para luego acostarme en la tierra y esperar.

A mí me gustaba sentir el andar de las hormigas por mi cuerpo.

Instante fecundo,
La morera a florecido ya
Y ofrece sus ramas teñidas a mis pequeños pasos,
Delirios niños de ser un pájaro y volar, solo volar.

viernes, 11 de noviembre de 2011

El turno


Pendulaba sobre sus propios pies como buscando que se le escapara el alma, otra mujer desesperada esperaba.
Cuando le llegó el turno entro al matadero con la cabeza gacha, y el corazón destruido. Todavía no entendía muy bien qué era lo que hacía ahí, pero allí estaba y no le quedo más remedio que afirmar sus pies fuerte en el piso para proseguir su marcha hasta la mesa de la morgue.
El “doctor”, porque así le llamaban todos, afiló sus dedos y se los puso uno tras de otro en la garganta para obligarla a hablar.
Ella no estaba enojada, estaba supurando una herida que no la dejaba dormir y que de a ratos le hacía pegar alaridos de dolor, desgarrador a todas luces para los oídos de cualquier hombre. Ella sabía muy bien el porque de su molestia, sabía muy bien que la habían lastimado en todo el cuerpo, con navajas, con palabras, con besos y sexo, con risas y miradas, la habían lastimado con su propio amor y la herida había comprometiendo gravemente al corazón, el cual disparaba sangre infectada para todos lados sin discriminar ya que, medicarse con agua podrida no había sido una idea muy inteligente y cada célula de su cuerpo ya estaban en pleno estado de descomposición.
La mujer se acomodó mejor en el silloncito que le habían acomodado en el centro y comenzó a cortar una por una sus venas preguntándose con cada corte si el responsable de la faena aún la quería, si ese tipo podía dormir tranquilo por las noches sabiendo que la había matado de la manera más fría y cruel que existe, y si sabría que fue ella quien tomó al hombro su propio cadáver y comenzó a coserlo para que como la ropa “tirara un poco más” , aunque sabía perfectamente que era eso o morir, sabía que no iba a quedar igual, que algunos agujeros eran imposibles de zurcir y que sus agujas tampoco eran del todo buenas, pero no le quedaba de otra, ya había descubierto que morir por alguien así no valía la pena, y se debía conformar con vivir, a medias, sabiendo que ya no se apiadaría nunca más, que lo que alguna vez fue ya era historia, y una historia que ya no le importaba a nadie, ni siquiera a ella.
El “doctor”, determino que lo que le convenía a la paciente era conseguirse una visión de repuesto, pues ya no le convencía nada, ni nadie, ni siquiera aquello que veía al espejo todas las mañanas al levantarse, y ahora debería lidiar con un universo “de repuesto”, desconocido en todas las medidas.
Y como ya se sabe, lo desconocido da miedo, aún sin saber si será bueno o malo para el que lo transita…. Y la decisión: péndula y zurce…. Sobre sus propios pies… esperando…. Deseando… que se le escape el alma de una buena vez por todas.

lunes, 28 de marzo de 2011

Hn1…. (Hn vacia)


Cuando mis pies se convierten en polvo y me vuelvo liviana entre los dedos del que se declara dueño de la caza, aquel felino que sopla al viento mis caderas y me esparce al aire entre los habitantes que dificultan la respiración de los niños con asma.
De ahí en más todo cambia, no pretendo que aquel que me dejo de amar sienta por mi algo más que nada y en la nada me quedo, pendulando y en actitud de huida por las noches (…) camino hacia los ciervos.
La gravedad vuelve mi cuerpo terso y desgarbado; acaricio la tierra y todo tiembla. Los pájaros huyen del refugio y el alimento que les da el árbol de mato, abandonando a su paso a pichones pobres de plumas y ricos de hambre. Mis rodillas ceden y sangran, pero aún tengo fuerzas para seguir sintiendo.
Soy algo más que viseras y un organismo autómata, soy más que envase y enfermedad. Soy la que truena tras del rayo, lenta pero potente y hago eco en el laberinto que contiene tu cráneo, como los sueños; soy cicuta y mala junta, pero tengo un corazón de madre de 180 años y juego al “aparece- desaparece” como los niños sin, pensar en el vicio. Soy la mujer destinada al olvido y es que algo conmigo siempre termina mal.
(Limo mis uñas hasta los huesos y entiendo que eso no es normal, pero en la piel no se regeneran las huellas digitales y esa es la idea del anonimato, de la transgresión para con uno mismo)
Lleno mis pulmones de aire; la tráquea se me cierra como siempre y me ahogo una vez más. Bocanada de miles de partículas me dan fin, se corta el boleto y el zorro no pide porque ya sabe que estoy condenada a bajar.
Quiero salir del aislamiento por que el aire está viciado, y esta jaula me hace sentir mal, en cualquier momento estallara algo que no voy a poder controlar, aunque nunca estuve lo suficientemente cerca para que me vean el alma.
Suspiro y el efecto pasa.

martes, 30 de noviembre de 2010

La noche vestida de mierda


Seguramente el tipo no la quiso matar, (dice la señora que cuida a monseñor), ella no respondió lo que el quería oír, y bueno, así le fue. La cosa es que ella amaba más a su madre que a su padre.
- Y… (Pienso por un segundo), que bueno que pudo responder, así es el amor ¿no?. (La vieja me mira con mala cara y se acerca apresurada a las chusmas que se agolpaban para ver al asesino)
Y si, que bueno que Isabel haya podido responder, pero hoy, aquí afuera, está lejos de advertencias, la ambulancia del SAME se la lleva tapada con una bolsa negra que le llega hasta el principio de la raya de sus cabellos, seguramente la van a velar sus tías, si, seguro que Pieve está preparando la sala y sus amigos ya se han empezado a enterar.
Entro a mi casa y prendo un pucho… lloro. La verdad es que la extraño mucho a Claudia, debe ser este olor a muerte que envicia el aire del barrio, pero ella está muy lejos de mí, cada vez más lejos. Y para lo que es peor, está feliz, la he perdido, para la felicidad ya no hay remedio.
Hoy la bruja esta que tengo de amiga andaba con los caracoles en la mano y no tuvo mejor idea que tirármelos a los pies.
Chak, chak, chak, chak…(Silencio)
Se agacha, los recoge, me mira medio con lastima y se da vuelta quejándose en voz baja.
-Ehhhh!!!! ¿Que viste?... Decime que viste che!
La muy yegua apura el paso y se pierde entre los alumnos.
Esto seguramente vio.
Un amante preso al que voy a tener que abandonar, porque que diría la gente. Mi mejor lengua se pondría valiente y acabaría amoratada, trasladada por el SAME vaya a saber Dios a donde, ya ni me importa, ya no me sirve. Pero el peor presagio vendría de las manos de las lagrimas, llanto por mi pequeña, a la que amo más que a mi vida, a la que nuestra sangre nos quema como el acido por las venas y no nos quejamos porque nos gusta, a la que me cuesta mucho dejar crecer y ver en su rostro, un rostro humano.
Pero hay que callar, por Dios (me persigno), pero que va a decir la gente!

miércoles, 29 de septiembre de 2010

5. A los 14. Casi un ser humano.


Lo feo de las despedidas son las habitaciones ventiladas
Y el olor a azufre de los volcanes que se han contenido el vomito.

A los 14 le entregue las reliquias de mi familia a una serie de paganos
Que no vale la pena nombrar, ni recordar.
Lo que es peor,
A las doncellas de la familia le enseñaron siempre tarde lo del cristal mágico,
Da vergüenza,
Es tabú,
Yo no sé,
Lo único que sé es que el mío se ha roto y puedo verme hasta el corazón.

Las moiras han delineado mi destino para esta altura,
Y he podido torcer sus hilos y tejer algo nuevo,
Actitud que se me iba a volver vicio con el paso del tiempo.

A los 14 fue la primera vez que salí a pasear con Caronte,
Lo bese en los labios, y desperté las pasiones de los dioses,
Claro está, que volví para “callarlo”.

Pero también perdí batallas,
Pero se fue fogueando mi corazón
y minando mi criterio y la manera de encarar las cosas.

No quiero ser ni esposa, ni hermana, ni hija,
Mucho menos novia, pero si amiga,
Yo puteo, no pego.

Fue mucho para mí mirarme al espejo
Y descubrir que la jaula había crecido y ya no sentía a la niña…
Esta vez, era casi un ser humano, pero no sé muy bien que era.
Mi estado: Critico.